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La leyenda de ‘Francisquito, el Niño del Árbol’ que habita en el parque Hidalgo de Pachuca

La leyenda de 'Francisquito, el Niño del Árbol' que habita en el parque Hidalgo de Pachuca
Foto: Pachuca VIVE.
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Pachuca es una ciudad llena de historias, enigmas y leyendas, una de las más famosas en la leyenda del Árbol del Niño.

Este relato se centra en un conocido pirul que se encuentra en el tradicional parque Hidalgo de la capital hidalguense, y que en su base parece tener las figuras de dos niños.

La historia habla de Francisquito, un pequeño niño que en una actividad escolar decidió plantar un árbol al que llamó Pirulito, lo hizo en el referido parque y creó una amistad con el vegetal que trascendería en el tiempo. Aquí te dejamos la narración echa por el profesor Ignacio Lara:

La leyenda de 'Francisquito, el Niño del Árbol' que habita en el parque Hidalgo de Pachuca
Foto: Pachuca VIVE.

Una mañana alegre. fresca y radiante, los niños salían de sus casas rumbo o la escuela con sus libros bajo el brazo; las campanas de la iglesia repiqueteaban con acento sonoro, el trino de los pajaritos, el canto de los gallos anunciaba el nuevo día.

Un lunes, un grupo de pequeños alumnos entraban con entusiasmo o su aula, el profesor después de revisar sus tareas, les indicó todo lo importante de los árboles y les dijo que en un momento más iban a llegar muchos de ellos para salir a plantarlos a un terreno dentro del parque de la ciudad.

Por fin llegó el momento esperado, llegaron los arbolitos al aula, el profesor les indicó que en orden escogieron uno a su gusto, había Pinos. Robles, Átomos, Eucaliptos, Pirules y Encinos.

El alumno más pequeño, Francisquito, escogió un Pirul de ramitos verdes y muy frondosos, al tomarlo empezó a acariciarlo y el Pirulito movió sus ramitos de gusto.

Salieron del plantel todos los alumnos de dos en dos, Francisquito iba tarareando una melodía alegre y platicándole a su pirulito. Al llegar al terreno, el profesor les dijo que primero darían un recorrido para que buscaran el lugar adecuado para plantar su árbol. Francisquito encontró un lugar fresco y soleado, de inmediato empezó o cavar un hoyo y con mucho cuidado plantó allí su arbolito. Mas tarde se despidió dándole un besito de amor.

Cuando llegó a su casa, de inmediato les platicó a su papá y a su mamá la agradable labor que había realizado junto con sus compañeros y el profesor, y así pasaron los días. Francisquito les pedía permiso a sus papás para, después de sus clases, poder ir a cuidar y ver a su Pirulito.

Cuando estaba con su arbolito, le platicaba lo que le sucedía durante sus clases: lo regaba y jugaba con él. Pirulito crecía fuerte, frondoso y los racimos de su fruto eran rojos como el fuego, llegaban parvadas de pajaritos o posarse en sus ramos y comer de su fruto.

Un día, Francisquito llegó saludando a Pirulito y lo encontró llorando copiosamente lágrimas de trementina; Francisquito le preguntó: ¿qué pasa Pirulito?, ¿por qué lloras?, a lo cual Pirulito le respondió que había llegado un grupo de personas a cortarte sus ramas haciéndole heridas muy dolorosas. Francisquit0 sin decir nada, pero lleno de amor, empezó o curarle sus heridas, que sanaron con el tiempo.

Francisquito llevaba a su hermanita y jugaban con Pirulito, platicaban con los pajaritos y todos la pasaban muy felices, pero una tarde, su hermanita y él llegaron llorosos, y Pirulito les hizo las mismas preguntas que alguna vez Francisquito le hablo hecho; Francisquito le respondió que sus papás habían fallecido, que les habían quitado su hogar y no tenían qué comer y dónde dormir. Pirulito, con gran amor, les ofreció subir a sus ramas y comer de su fruto. Ya anocheciendo, Francisquito y su hermanita se acurrucaron al pie de Pirulito, y al amanecer quedaron unidos al tronco del árbol como si fueron uno solo.

Cuenta la leyenda que, cuando hay luna llena y la noche es clara y serena, se desprenden del tronco Francisquito y su hermanita para jugar por todo el parque; y, al despuntar el alba, vuelven amorosos a formar parte de Pirulito.

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