Hidalgo se encuentra en una encrucijada moral donde el sufrimiento animal se enfrenta a los intereses financieros de un sector que se resiste a evolucionar. A pesar de que la Constitución Política del Estado de Hidalgo reconoce a los animales como seres sintientes y sujetos de tutela, el Congreso Local ha tenido en pausa durante más de un año una iniciativa para prohibir las corridas de toros, mientras se sigue promoviendo esta práctica en la entidad.
Esta parálisis legislativa responde directamente a las presiones del sector taurino, el cual defiende la permanencia de estos eventos alegando una importante derrama económica y la "protección de tradiciones" en 115 comunidades. Sin embargo, ¿qué precio tiene la vida y la dignidad de un ser vivo? La realidad en recintos como la Plaza de Toros Vicente Segura en Pachuca no puede seguir justificándose con argumentos financieros cuando el maltrato es evidente y cruel.
El origen del conflicto legislativo
La propuesta para erradicar la tauromaquia fue presentada por el diputado Avelino Tovar Iglesias, del Partido Verde, el 18 de marzo de 2025. Desde entonces, el avance ha sido nulo. Recientemente, el gobernador Julio Menchaca Salazar instó a las dependencias estatales a agilizar los estudios necesarios para erradicar las corridas de toros, con las cuales ha sido enfático: "no deberían existir".
En contraste, un sector de su propio gabinete sigue promoviendo eventos de la fiesta brava en Pachuca y otros municipios, incluso rentando los espacios para la realización de los mismos, una clara incongruencia gubernamental que es, también, una falta de respeto para activistas y ciudadanos que han luchado por la justicia para los animales.
Un futuro sin violencia
La persistencia de las corridas de toros en Hidalgo es una contradicción directa a la Ley de Protección y Trato Digno para los Animales, la cual busca erradicar actos de crueldad provocados por humanos. Permitir que la muerte de un animal sea un espectáculo público bajo el sello de "patrimonio cultural" es un crimen que debilita la estructura ética de nuestra sociedad.
No hay forma de justificar esta actividad y ningún argumento taurino está por encima del bienestar animal. Lo que debería estar en discusión es encontrar la forma de equilibrio para preservar las tradiciones alejando la violencia. Las tientas, los eventos turísticos con paseos por los ranchos ganaderos, los museos al aire libre y los tours gastro-culturales son algunas alternativas que podrían promoverse para los amantes de la fiesta brava; la crueldad, nunca.










