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Entre bloqueos, baches y charcos: Pachuca, una ciudad desquiciada

Entre bloqueos, baches y charcos: Pachuca, una ciudad desquiciada

Lejos quedaron esos años en los que Pachuca era una ciudad tranquila para el tránsito vehicular. Hoy la capital de Hidalgo se encuentra colapsada, pero parece ser ya un mal ordinario.

Son varios los motivos por los que circular en la ciudad comienza a ser una pesadilla, entre ellas están las manifestaciones, que parecen ser ya una dosis semanal. Ya sea por exigencias justas o por movimientos oportunistas, son calculadoras en elegir los momentos en que más afectan al resto de la ciudadanía.

Tal es el caso de este lunes, en que los taxistas decidieron hacerse notar desquiciando la vías principales, no solo de la zona metropolitana de Pachuca, también de otros municipios donde el tránsito personal y comercial es fundamental para mantener las actividades económicas.

Entre bloqueos, baches y charcos: Pachuca, una ciudad desquiciada

Bloqueos de trabajadores del volante. Foto: SSPH.

Pero las protestas no son las únicas circunstancias que afectan nuestras calles, la infraestructura urbana parece estar hecha específicamente para colapsar con cualquier lluvia. Los distribuidores que fomentan el uso del vehículo también lo entorpecen al encharcarse a la menor provocación, dejando vialidades prácticamente intransitables en esta temporada de precipitaciones.

Entre bloqueos, baches y charcos: Pachuca, una ciudad desquiciada

Taxi afectado por la lluvia y las malas condiciones del bulevar Minero. Foto: Especial

Lo anterior cuando hay obra pública, porque hay colonias que ni siquiera son tocadas por los servicios municipales y carecen de pavimentación, como el caso de Ampliación El Palmar o Carboneras, donde las calles son prácticamente inaccesibles.

Entre bloqueos, baches y charcos: Pachuca, una ciudad desquiciada

Calle en la colonia Ampliación El Palmar, de Pachuca.

La realidad es que el crecimiento de la capital hidalguense está yendo de la mano de una mala planeación. Las estrategias gubernamentales no han sido previsoras de las necesidades de movilidad social, y los resultados son palpables. Al final, los afectados siempre somos los ciudadanos.


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