#PasiónEditorial ⚽ Crónica de una autodestrucción deportiva

El Club Pachuca manifestó su crisis deportiva con un hecho poco habitual en esta institución: la destitución de un técnico en pleno desarrollo del torneo. Incluso fue más allá, Francisco Ayestarán se convirtió en el primer entrenador cesado del Clausura 2019, se fue tras apenas tres jornadas.

Ante Monterrey y frente al América vimos la peor versión del conjunto blanquiazul en años. Actuaciones paupérrimas que rayaron en lo ridículo y que resultaron en la inevitable salida del timonel español. Los triunfos en la copa contra los suplentes de Atlante y ante un maltrecho Querétaro en la liga simplemente fueron un espejismo en una problemática que los Tuzos vienen arrastrando con cadenas de malas decisiones.

La directiva tuza no solo elige mal a entrenadores y refuerzos, ahora se convirtió en uno de esos clubes que despide al técnico sobre la marcha para exhibirlo como si fuera el único culpable. ¡No señores! la crisis de Pachuca no es responsabilidad exclusiva del técnico saliente, ni del anterior; Ayestarán no vino a vender espejitos, sabíamos de antemano su incapacidad. La culpa es del directivo que decidió contratarlo a pesar de tener un historial tan mediocre; ¿de verdad alguien pensaba que Pako tendría éxito en la Bella Airosa? El club nunca debió contratarlo; y después de cometer ese error, debió resarcirlo cambiando el proyecto ANTES de iniciar el torneo, y no esperarse a que ocurriera lo previsible.

Con esta dirección deportiva, el panorama para Pachuca es sombrío. El club repite contratando a un entrenador sin experiencia triunfadora; llega Martín Palermo, un técnico con un proyecto distinto que podría inyectar renovados ánimos, pero tendrá que trabajar con un plantel heredado, mal planeado, parchado y con problemas de actitud. No podemos ser optimistas, pero lo único que nos queda es apoyar al nuevo y dar el beneficio de la duda.

Ya cortaron por el hilo delgado, ya se fue Ayestarán, llega un técnico emergente, ¿y luego?

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